Qué les Sucede a los que se Suicidan?

Para responder a esta pregunta, usaré el conocimiento obtenido de dos maneras. Primero, mis muchos años como hipnoterapeuta especializado en Regresiones a Vidas Pasadas, lo que me permite formarme una idea clara sobre la vida después de la muerte. En segundo lugar, mis capacidades psíquicas que son útiles para formularle preguntas al Universo y experimentar la respuesta de primera mano.

Pero antes de eso quiero dejar algo claro. En este mundo estamos en la primera etapa de nuestra evolución. Somos como larvas, fetos, nada más. La mayoría de personas más avanzadas de nuestro mundo son principiantes en la escala de la evolución.

Eso significa que nuestra comunicación espiritual es mediocre en el mejor de los casos.

Cuando una persona con habilidades psíquicas intenta obtener una respuesta desde un plano superior, las ideas preconcebidas en la mente del sujeto interfieren, por lo que muy pocas comunicaciones son limpias.

Adicionalmente tenemos los desafíos planteados por las limitaciones del lenguaje. No podemos transmitir perfectamente las ideas de los niveles superiores en un lenguaje humano. Es imposible. Podemos intentarlo, pero no significa que los resultados sean exactos. Serán más como un pálido reflejo de lo que la persona que actuaba como canal vio, pero eso es todo.

Como si no fuera suficiente, también existen limitaciones en la mente humana, más las limitaciones del cerebro físico. Siendo los últimos demasiados en número y en magnitud.

Esto quiere decir que el contenido de esta página es meramente información inspiradora y te ruego que la tomes de esa manera.

Teniendo eso en cuenta, esto es lo que vi cuando pregunté: «¿Qué le sucede a una persona después de suicidarse?»:

Kent, que tenía 35 años, se disparó en la cabeza con una pistola. Al hacerlo sintió un dolor insoportable en su cerebro mezclado con el sonido de una explosión, probablemente cien veces más intensa que la del disparo, la cual sintió como si durara por años.

Experimentó el estallido del disparo una y otra vez, miles y miles de veces, con pequeños momentos de silencio entre ellos. En esos momentos sentía que flotaba en un vacío, un espacio vacío, oscuro, gigantesco, en total soledad.

Esos momentos de silencio le dieron la oportunidad de reflexionar sobre lo valiosa que era la compañía de las personas que lo amaban.

Algunas veces el dolor se detenía, y se encontraba re-experimentando uno de los momentos más difíciles de su vida.

En un segundo hubo un dolor insoportable en su cabeza con un ruido extremadamente fuerte en sus oídos, y al segundo siguiente se encontró en una escena en la que lo despedían de su trabajo. Su jefe estaba furioso. Miraba directamente a los ojos de Kent mientras le decía lo inútil y desconsiderado que era.

En el momento en que Kent llegó a la escena, comprendió que estaba regresando de entre los muertos y sintió la felicidad más estimulante de su vida. Inhaló y no podía creer que estaba respirando el aire de la tierra nuevamente. No le importaba que su jefe estuviera enojado con él. En lugar de enojarse con su jefe, lo miró a los ojos y reconoció lo mucho que amaba a esta persona y lo mucho que su jefe trató de ayudarlo a convertirse en una persona decente y confiable. También comprendió que le falló aparatosamente. Entendió lo patético que había sido cuando le contó a sus amigos y familiares sobre su injusto jefe, el cual “lo despidió sin ninguna razón”.

Kent interrumpió a su jefe y le dijo: «Tienes toda la razón en todo lo que estás diciendo. Me doy cuenta ahora. Te fallé de todas las formas posibles, pero ahora soy una persona diferente y te lo compensaré. Solo dame la última oportunidad y no te defraudaré. No esta vez.»

Estas palabras venían desde el fondo de su corazón. Fueron pronunciadas con absoluta sinceridad porque en ese momento estaba lleno de optimismo sobre sí mismo y con respecto a la vida. Era imposible describir la claridad en su mente acerca de lo feliz que había sido cuando estaba vivo. No era que estuviese pensando «Oh, tuve la felicidad al alcance y no la reconocí». No. En realidad estaba feliz. Él sabía que había sido privilegiado y bendecido.

Sin embargo, tan pronto como pronunció estas palabras… el disparo… otra vez. Ese dolor helado en su cerebro y ese disparo súper fuerte en sus oídos, otra vez.

Entonces entendió lo que estaba sucediendo. Estaba reviviendo aquellos momentos que él había calificado como “el infierno” mientras estaba vivo, pero en lugar de tristeza, depresión, ansiedad y todos los sentimientos relacionados con esos momentos, estaba experimentando el milagro de estar vivo. El milagro de relacionarse con los demás y de experimentar el privilegio de la vida. Sólo que estos momentos no duraban. Lo único que duraba para siempre era ese horrible dolor en su cerebro y el sonido del disparo en sus oídos.

Mientras yo observaba el viaje de Kent a través de lo que podríamos llamar su infierno, lo vi re-experimentando el momento en que intentó suicidarse y fracasó en lograrlo; el momento en el que golpeó a su novia y la dejó en el suelo, las manos de él y la cara de ella cubiertas de sangre; el momento en que su novia finalmente rompió con él y lo echó lejos de su hija; el momento en que casi murió de una sobredosis de drogas; y finalmente, el momento en el que se quitó la vida.

Si estás pensando en el suicidio, tengo unas últimas palabras para ti:

Puedes estar en paz aquí y ahora. No dejes de buscarla porque Dios te creó para experimentar la paz. Paz profunda, insondable más allá de la comprensión. Solo que no estás listo para aceptarla y es por eso que no la reconoces. Pero está aquí. Ahora mismo. Deja de quejarte y reconoce lo magnífico que es el que Dios mismo te permita poner una parte de su propia mente en el infierno y aun así no te desconecta. Tu «sufrimiento» es su sufrimiento tanto como tu felicidad es su felicidad. Él está experimentando la totalidad de los dolores en toda la creación, todos a la vez. Aun así, no se desconecta de nosotros. Él todavía tiene esperanza en nuestra capacidad de reconocer el milagro de la vida y de la consciencia. No te rindas.

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